El Profesor de Derecho llega puntual el primer día de clase. Empieza su discurso presentándose a sí mismo y a la asignatura que impartirá. Llegados a este punto, se aclara la voz y en tono serio lanza una advertencia. Con la aplicación del método Bolonia disponemos de menos horas de clase; no les valdrán los apuntes que tomen, señala. Deberán trabajar con el manual, pues ese es el «espíritu de Bolonia», sentencia con solemnidad. Los alumnos en un primer momento le escuchan recelosos, aunque una vez recibida la amenaza se miran entre ellos con complicidad. Algunos incluso sonríen con picardía. El Profesor no entiende por qué.
En torno a dos tercios de los alumnos que han asistido a la presentación no volverán a presenciar con asiduidad las clases de nuestro Profesor. Y no será porque hayan decidido entregar su tiempo y energía a los placeres alternativos que ofrece la vida universitaria. Será porque esa misma tarde, en sus casas, entrarán en www.patatabrava.com, donde buscarán y, por supuesto, encontrarán los apuntes de la asignatura que imparte ese profesor. O mejor dicho, que impartía cuando Bolonia aún era un futurible y los apuntes de clase bastaban para aprobar holgadamente la asignatura. Hay centenares de ellos colgados en la web, clasificados por universidades, facultades, estudios, asignaturas y profesor.
Es decir, que Internet supera una vez más la realidad off-line. Ante un sistema que pretende promover el estudio individual mediante la búsqueda incesante de manuales en las bibliotecas universitarias, la red responde con apuntes colgados por estudiantes de años anteriores. Evidentemente, no siempre son correctos. Las leyes cambian y los apuntes se desfasan. Por ello, el otro tercio de los alumnos, los más listos, seguirán yendo a clase para actualizarlos con las explicaciones del profesor. Y no crean que con sólo esos apuntes nuestros laboriosos estudiantes suspenderán o bordearán la peligrosa línea que separa las vacaciones de verano del indeseado septiembre. Si se los estudian bien aprobarán e incluso con nota.
No culpen a los alumnos. Ante una asignatura que no les suscita interés alguno, ¿qué incentivos tienen para hojear quinientas páginas de manual cuando con un centenar en formato Word pueden obtener una buena calificación? Es más, la relación coste-beneficio de esta opción a corto plazo es mucho mayor. Por lo general, el ser humano es un animal de costumbres. El Profesor, como tal, tenderá a dar relevancia a la parte del temario plasmada en los apuntes, pues en ella se recogen sus palabras acuñadas durante años de ejercicio, su doctrina favorita y las cuestiones que para él son importantes y que, por ende, aparecerán en el examen. En consecuencia, el Profesor se contentará con una respuesta de ese nivel. Y desengáñense: aquellos alumnos, normalmente brillantes y aplicados, que desechen el camino de los apuntes para seguir la opción editorial no necesariamente obtendrán mejores resultados que los otros. Más bien al contrario.
Tampoco crean que esta situación es consecuencia directa de los tiempos actuales, en los que aún estamos a caballo entre el viejo sistema y la aplicación real de Bolonia. Algunos dirán que, con la creación de nuevas asignaturas, los apuntes electrónicos quedaran definitivamente obsoletos. Falso. Está previsto, por ejemplo, que los clásicos Derecho Civil I y Derecho Mercantil I se refundan en una única asignatura, llamada Introducción al Derecho Privado y de la Empresa. Los alumnos harán lo propio: refundirán los apuntes de ambas asignaturas.
Lo preocupante de todo ello no es que se defraude y traicione el «espíritu de Bolonia», lo cual sería un lamento extremadamente ingenuo. Lo preocupante es que la manera de enseñar y evaluar de nuestras Facultades de Derecho promociona el vómito académico, la repetición sin comprensión. En primero de carrera los alumnos memorizan días antes del examen quién asume el riesgo en el contrato de compraventa civil. Pocos meses después ya lo han olvidado. En cuarto, cuando entran en el estudio de la asunción de riesgos en la compraventa mercantil, la referencia civil les suena ya prehistórica y el Profesor se frustra cuando constata en clase la cruda realidad, pues nadie es capaz de darle una respuesta. No se preocupen; esa misma tarde, en sus ordenadores, los alumnos volverán a abrir el correspondiente archivo de patatabrava.
Lo primero, felicidades por esta gran iniciativa.
Escribo desde la posición de un estudiante de cuarto y último curso de Derecho, primera promoción a la que se aplica Bolonia experimentalmente, quisiera remarcar lo de experimentalmente, por lo preocupante de los experimentos para quien hace de conejillo de indias y no tiene la oportunidad de repetir la experiencia cuando se determine la fiabilidad de lo que se prentende. Y como comprenderán, nada de lo que se ha comentado en esta entrada me es ajeno. Más bien al contrario.
A lo largo de mi experiencia universitaria, tengo la duda de si me he vuelto más exigente con el profesorado o la docencia ha decaído espectacularmente en tan sólo cuatro años. Seguramente ambas posturas se acumulan. Me explico.
Cuando se empieza una carrera universitaria, por lo general, no se tiene un punto de referencia con el que comparar la calidad de la enseñanza, ni es objeto de gran preocupación el rendimiento académico que se va obteniendo. Sin embargo, cuando ves acercarse el final de los estudios, la salida al mercado laboral o defines tus preferencias y constatas, como ha indicado Pablo en su post, que en cuarto no tienes ni idea de quién asume los riesgos en la compraventa civil, salta la alarma.
Evidentemente, lo primero es, o debería ser, la autocrítica: te arrepientes de tantas horas en el bar, de tirar de patatabrava en el último momento para salvar la asignatura, de no haber mantenido un hábito de estudio desde el principio…
Pero cuando uno se para a observar cómo le enseñan desde esta nueva perspectiva, el resultado es desolador, e incluso indignante. Piensas en lo perdidos que están los profesores con la implantación de Bolonia, y más cuando la has sufrido ya tres años y tienes más experiencia que ellos en cómo funciona realmente Bolonia, salvando evidentemente ciertas excepciones en que se ve que se han tomado en serio la regeneración de la docencia, con más o menos suerte.
Cuando decides “estudiar bien”, es decir, seguir los manuales, asistir a las clases y trabajar a fondo las prácticas, llegas a la conclusión de que es materialmente imposible un excelente rendimiento en todas las materias. Bien, en el ámbito de cada uno queda establecer preferencias y actuar con base en ello. Pero, como apunta Omar, el estrés es algo que seguramente muchos estudiantes están padeciendo.
Podemos convenir que la dedicación completa forma parte del “contrato” que tiene el estudiante con la universidad, aunque me parece recordar, aunque quede ya muy lejos en el tiempo, que el objeto de cualquier contrato debe ser una cosa determinada o determinable, no imposible. Sarcasmos aparte, tengo la firme convicción de que los profesores se olvidan de que el alumno no sólo estudia su asignatura, y aunque sean conscientes de ello, no ven la razón para que sea su asignatura la que deba ceder algo de espacio a las demás. Y evidentemente, es indignante. No se trata de quién cede, sino de armonizar planes docentes que estiman horas de dedicación para cada actividad que son irreales cuanto menos.
Siguiendo con la exigencia a los docentes, creo necesario que estos reflexionen sobre las nuevas necesidades de los alumnos en el marco del nuevo sistema. Y sí, exijo. No pido tener que esforzarme menos para aprobar o sacar buenas notas. Exijo poder aprender lo importante de cada materia, manejar con solvencia los textos legales y tener claras las instituciones. Exijo poder aprender a través un método adecuado, adaptado y realista. Exijo que las clases sean útiles, y no tener que oir lamentos por la reducción de horas de docencia o porque “dar lo que se tiene que dar con menos tiempo nos va a costar”.
En definitiva, claro que soy más exigente que al empezar la carrera, quiero acabarla bien formado y ahora salen a relucir las deficiencias de cursos anteriores, el error acumulado. Pero Bolonia no exime de responsabilidad a los profesores, por mucho que pueda parecer, sino que cambia las vías de docencia. Esto significa que sólo han de ser bien recibidas las iniciativas que permitan al alumno desarrollar autónomamente las habilidades que debe tener un jurista, pero son necesarias iniciativas, no resumenes de resumenes de lecciones jurídicas de años anteriores.
De lo contrario, patatabrava acabará haciendo la misma función que el docente, pero sin gastos de gasolina o tiquets de transporte público.
Dime cómo estudian los alumnos, y te diré cómo les examinan. Nada cambiará con Bolonia si el examen final de conjunto de la asignatura continúan siendo cuatro preguntas a desarrollar por el alumno durante hora y media o dos horas. Si el profesor quiere fomentar el aprendizaje comprensivo de los alumnos, puede diseñar la prueba de conjunto como la resolución de un caso práctico complejo en el que los alumnos puedan utilizar textos legales.
Aunque para que esta evaluación sea coherente con el desarrollo del curso, la explicación del programa no debería limitarse a la ordenación sistemática de textos legales. Y el contenido y extensión del plan docente debería haberse adaptado a las nuevas dimensiones de la asignatura en el programa del Grado. Si no se reserva una parte del contenido de la asignatura en el plan de 1953 para el Postgrado es posible que Grado y Postgrado acaben agonizando: el primero, por saturación de materia; el segundo, por reiterativo.
Encuentro que este es un debate muy interesante. Encadenando mi opinión con la conclusión de este breve post, me gustaría añadir un par de comentarios.
El sistema diseñado en Bolonia en 1999 es, a mi entender, un intento mal logrado de plagio del funcionamiento de las grandes universidades británicas y americanas. Este sistema se basa enormemente en el trabajo individual del alumno para preparar los materiales que posteriormente se discutirán en tutorías de 2 o 3 estudiantes. Allí se les evaluará oralmente sobre el contenido de la tarea semanal. Tal evaluación no le servirá al profesor para conocer el 20, 25 o el 27% de la nota final, sino que simplemente será una herramienta para que el alumno sepa si está estudiando correctamente. Las clases magistrales se centrarán en áreas muy concretas del derecho que puedan presentar dificultades y no necesariamente irán correlacionadas temporalmente con el estudio individual. Los conocimientos adquiridos por los alumnos se evaluarán en varias ocasiones a lo largo de la carrera y no solamente al finalizar la asignatura.
A día de hoy, en España no existe, a diferencia de otros sistemas europeos, un examen de cualificación profesional para la carrera de abogado. Esto incentiva a los alumnos a seguir la malsonante técnica de “vómito académico”.
No se puede pretender extraer elementos del sistema británico e importarlos a España sin tener en mente otros factores como la financiación universitaria, el proceso poco selectivo de entrada a la Universidad o la retribución de los profesores. Bolonia no encaja con las bases del actual sistema universitario.
Felicidades por el blog.
Señores sin negar las ventajas que pueden reportar el método Bolonía en cuanto a “sistema novísimo” de estudio en cuanto que se incntiva el trabajo autónomo del alumno, se potencia el estudio de caso práctico, la labor investigadora, el abordar el estudio de la ley y la jusrisprudencia desde una vertinte “menos acrítica” etc…adolece de un fallo muy grave: la sobrecarga irracional de trabajos.
Todo lo expuesto anteriormente no puede realizarse en términos de eficiencia si cuando damos el paso de abordar la asignatura en profundidad a través de manuales más especializados a efectos de perfeccionar y consolidar los conocimientos básicos transmitidos por el profesor en clase o en la toma de algún apunte primario si, previamente a ello, se nos encomienda la “herculea” empresa de realizar entre 25-3o trabajos por trimestre; que, aunque positivos en el fondo, obstaculiza seriamente lo que debe ser primordial: la adquisición en una primera fase de una “buena teoría”.
En calidad de estudiante de último curso de derecho (”primera promoción Bolonia”)es la observación, sino la más importante, de las más significativas que desde nuestra experiencia hemos apreciado la mayoría de mis compañeros.
Esto lo dice alguien que no estudia de apuntes sino de “libros” y, así las cosas, es harto costoso ¿cómo pretenden ustedes que los alumnos asistan a todas las clases y no esté “estresado”? ¿cómo pretenden tratar de establecer un análisis de la cuestión desde la perpectiva del profesor que ha estudiado con el “plan antiguo”?
Quizás son cuetiones simplistas pero ilustran la verdadera realidad de quienes hemos vivido con el plan Bolonia durante 4 años.
Estoy plenamente de acuerdo con el post y creo que la culpa la tiene el sistema. Claro que para estudiar el derecho en su vertiente continental la memoria es necesaria, pero ¿ no podemos adaptar el metodo del caso a nuestras peculiaridades? ¿ no es mas importante enseñar al jurista a pensar juridicamente? ¿ Bolonia nos va a ayudar a ello? Con un coste 0 seguiremos con grupos sobresaturados, profesores al limite de su capacidad en clases magistrales, sin tiempo para investigar, adquirir nuevas habilidades de transmision de conocimientos, etc….Al final el alumno rentabilizara su enseñanza en el peor sentido -costo+beneficio. No es culpa del alumno, es culpa del sistema. Claro que siempre habra profesores que llegaran mas lejos y alumnos a los que lo basico de la enseñanza les servira solo para hacer boca. Pero desde luego ni sus anteriores a la Universidad, ni esta habra fomentado esto.
Piero Calamandrei, hace más de 50 años, en su obra “Demasiados Abogados”:
…creo que el defecto fundamental de la enseñanza jurídica universitaria es el tradicional método «catedrático» (llamado por todo el mundo método «charlatanesco»), según el cual las lecciones consisten en una prédica que el profesor, gesticulando desde su «púlpito» inflige a una turba de penitentes inmóviles y silenciosos. Cambiaban los profesores, pero el método no cambiaba y se tenía la impresión de que nosotros, desde los bancos, y ellos desde la cátedra, estábamos tácitamente de acuerdo en mantener en clase aquella atmósfera de frialdad, aquel vacío espiritual que permitía a los profesores y a los discípulos despachar con las menores fatigas una fastidiosa formalidad prescrita por los reglamentos. La explicación «oral», tal como se suele hacer en nuestras Facultades Jurídicas, no interesa ni puede interesar a los estudiantes; cuando es una elevada exposición de principios teóricos hecha en forma rigurosamente científica, tan sólo unos pocos están en condición de entenderla, al paso que la masa estudiantil acude a ella extraña y aburrida, como el que oye recitar un discurso en lengua extranjera; cuando es un modesto resumen elemental para uso de la mayoría que carece de pulmones para las alturas, los jóvenes mejores salen de allí descontentos y desilusionados. Pero aunque la explicación desde la cátedra no tuviese el defecto irremediable de descontentar a una o a otra parte de la masa estudiantil, merecería ser desterrada por la absoluta pasividad intelectual a que condena a los estudiantes, obligados a aceptar, sin posibilidad de crítica ni de refutación, los resultados del pensamiento ajeno…
…al estudiante que durante cincuenta clases ha estado condenado a la más absoluta pasividad mental, es justo que a fin de curso no se le pida más que una repetición papagayesca de lo que se dijo en la cátedra; pruebas de sentido crítico, de originalidad de pensamiento, de prontitud para resolver cuestiones nuevas no se puede exigir a quien durante todo el año ha estado habituado a aceptar sin discusión las opiniones ajenas, a pensar sin fatiga con la cabeza de los demás. Aprobada en el examen aquella poquita cosa que a toda prisa se había metido en la memoria, no es ya sino el despojo inútil del monstruo victoriosamente acuchillado; y el estudiante tiene el derecho y el deber de olvidarla al instante para ponerse a pensar en los otros monstruos que un poco más allá rechinan ya los dientes.
Sigo diciendo que Patatabrava.com no es ningún referente para, nosotros, los estudiantes y menos aún debería tener participación de ningún profesor.
Patatabrava.com es una red social que no sólo ofrece compartir apuntes sino que también se dedica a otros temas como el entretenimiento y el ocio. La idea de crear una red social en la que se compartan recursos académicos, el “poder de los alumnos” y que colaboren profesores como sugería en el segundo comentario Francisco Almodóvar lo encuentro un profundo retroceso para las nuevas herramientas tecnológicas que intentan adaptarse a la educación.
Creo que debería tener otro enfoque, un enfoque más individual por lo que respecta a la docencia de cada Universidad. Una gran red social no tiene un control de calidad de la información, no ofrece ninguna garantía. En cambio sí que lo tiene una red cerrada de la propia universidad, divida en usuarios donde cada uno tiene asignada su propia web o espacio para cada asignatura y tiene la posibilidad de intercambiar recursos, cuestiones, etc. tanto con su profesor (o al revés) como con sus compañeros. Este sistema es el más utilizado hoy en día por todas las universidades, tanto las de estudio a distancia (UOC) o de estudio presencial (Pompeu Fabra). Y aquí es dónde está a mi parecer y experiencia la auténtica utilidad del intercambio de recursos que permite internet, en una red social privada donde los contenidos sean administrados por personal docente e intercambiados y utilizados por alumnos.
Al haber reducido el número de clases se debe permitir trabajar materiales fuera de éstas y que esos materiales puedan ser recursos multimedia, los cuales resultan complicados trabajarlos en clase con más de treinta personas, y pueda el alumno llegar profundizar su estudio no sólo a un conocimiento limitado del manual sino al acceso de cualquier otra base de datos actualizada constantemente gracias a la rapidez de internet.
Estos sistemas son ideales para potenciar el nuevo sistema de Bolonia y las nuevas tecnologías que brindan otras técnicas de estudio, no obstante el problema no es si el alumno está dispuesto a utilizar este sistema (ya lo usa y no creo que aquí nadie pueda ponerlo en duda) sino si todos los profesores de la antigua escuela saben aprovechar este sistema, si realmente tiene las herramientas para acercarse al alumno mediante esta vía. Se deben potenciar estas redes privadas hasta el punto que sea la herramienta para el trabajo del alumno y el principal medio de interacción para el profesor. En el momento que una de las dos partes no sepa cómo utilizarlo perderá toda utilidad y volveremos a las mismas, donde el alumno acaba acudiendo otra red donde en lugar enseñar una parte a la otra le cuenta lo que ha oído por ahí.
En mi opinión, el gran problema de la Universidad, concretamente en cuanto al Derecho se refiere, es que se sigue potenciado y valorando hasta que punto el alumno “recordó” lo que se le expuso en su día en clase. Como ex alumno, estoy convencido de que hubiera podido aprobar el 90% de lo hice en la carrera en un año, a examen por libro, cada 10 días por ejemplo. Se echa mucho de menos a profesores que imparten además de teoría, clases prácticas basadas en asuntos reales, con todo lo que esto conlleva. Se echa de menos ver lo que es un contrato cuando se estudia la teoría en civil, lo que es un demanda, etc.. Básicamente porque cuando uno llega a un despacho, sabe a lo mejor toda la teoría que necesita para hacer lo que le encarguen, pero nunca ha visto un contrato, nunca ha redactado un recurso y nunca ha tenido que pensar demasiado en como aplicar sus conocimientos a un caso real, ni poner por escrito de una forma ordenada dichos conocimientos, puesto que en todos los exámenes se ha limitado a dar características de un precepto, hacer una practica en base a una guía aprendida de memoria y, si sobra tiempo y espacio, adornarlo todo esto un poco con mas teoría relativamente relacionada.
El nuevo sistema habrá incrementado la asistencia a clase y habrá conseguido introducir prácticas obligatorias, pero ningún progreso real en la calidad de la enseñanza, mas allá de las estadísticas de asistencia.
Creo que el comentario parte con la premisa errónea de ese Profesor en su primer día de clases: que con Bologna se le deben seguir entregando los mismos contenidos a los alumnos que antes. La idea no es que el manual de 500 hojas que se podía sintetizar en 100 en clases ahora sea aprendido por los alumnos en casa, sino rediseñar contenidos, hacerlos más próximos, prácticos y precisos. El que no logra hacer de su clase algo interesante bien ganado tiene que sus alumnos no vayan a clases o no se interesen en ella y el que da para estudiar un manual, mejor que haga a todos un favor y antes busque en patata brava o donde pueda un mejor resumen de lo que efectivamente evaluar.
Profesor Ramirez:
El problema que usted plantea tiene tanto alcance global como la misma Internet, y en las facultades de derecho impera en ambos lados del aula la aprehensión acritica del conocimiento, cada vez más cerca a la fuente legal…y cada vez más lejos de los fundamentos de la institución que se estudia…el delito es delito porque si…y la intervención penal y en general en todas las áreas del conocimiento jurídico…y la carga argumentativa necesaria para buscar formar juristas ha sido remplazada por la comoda y “light” de operadores jurídicos. Infortunadamente este contrato en donde el docente esta obligado a entregarse en cuerpo y alma a transmitir no solo su visión del fenomeno jurídico sino la pasión por profundizar y entenderlo…comprender el estado del arte de la materia y la necesidad imperante de dar el paso evolutivo, de encontrar la solución…de trascender.
Infortunadamente en las universidades de latinoamerica hay tantos buenos profesores como malos, en igual proporción a los estudiantes, tanto así que el ser profesor en muchos casos no obedece al hermoso ejercicio del magisterio, sino a la necesidad de tener en el curriculum una experiencia docente. Hecho que hace que a nuestras aulas…y a nuestros estudiantes…esos que preparan su corazón para conocer el derecho de sus maestros se les convierta en eunucos intelectuales, y el circulo vicioso tenga el tamaño global del problema que usted ha hecho mención.
Ahora bien, el compromiso del estudiantado es cada vez mas deplorable, sin hablar de que entre menos esfuerzo despliege por estudiar y especialmente por investigar, mayor orgullo por haber pasado la materia con el refrito de resumen o clases colgadas en la red “rincondelvago.com”. Esta situación también ha hecho que inumerables maestros hayan dado un paso al costado y que empiezen a desertar de la docencia, dejando en mano de los primeros cretinos los futuros abogados.
En efecto, no todo es tan malo, aún persisten maestros con mistica, con una entrega absoluta y con una pasión que hizo metastasis hace años, y cuya semilla ha germinado, ese corto porcentaje que seguramente no le ira muy bien en los examenes pero que afrontaron el aprendizaje de una materia con serieda, con severa etica radical, con pundonor y con el amor propio y dignidad de dar un concepto por que asi se ha decantado producto del juicioso estudio, y de haber afincado diariamente el conocimiento. Ese metodo es aquel que debe inspirar a la totalidad de los profesores y estudiantes…Ese es el giro copernicano que se debe presentar y la verdadera lucha estudiantil.
Me ha gustado el artículo y la reflexión.
Ahora bien, me suscita un pensamiento:
Si Bolonia quiere armonizar conocimientos es porque la realidad empresarial lo demanda. La UE se mueve por interés económico, no lo olvidemos nunca. El Consejo de Europa, en cambio, se mueve por los derechos humanos, aparentemente.
Quiero decir, la realidad universitaria deja mucho que desear. El mundo de la empresa es caótico, complejo, con múltiples vaivenes, con una alta carga de presión psicológica.
Una clase impartida por un profesor es buena en cuanto te enseña a analizar. Ahora bien, la vida laboral se nutre de acción, volver a levantarse, aceptar las críticas, ideas, creatividad, red social.
http://www.patatabrava.com es una excelente red social de alumnos (”El poder de los alumnos”). Los profesores, en mi opinión, deberían participar en esta red. ¿Cómo? colgando artículos, actualizando contenidos, y demás. Y digo esto porque Bolonia lo exige.
En Inglaterra ya llevan muchos años (más de 20) practicando clases tutoriales, en vez de clases magistrales. Es decir, el alumno estudia, se autoforma y cuenta con su guia, el profesor. ¿La enseñanza no es guiar al alumno? ¿No es el alumno el que tiene la responsabilidad de aprender de diversas fuentes¿ ¿Tiene derecho el alumno a ser guiado apropiadamente? ¿No es cierto que la enseñanza universitaria está desfasada¿ ¿No es un hecho que los profesores están un poco anclados en prácticas de enseñanza que, en su día, fueron acertadas, pero que ahora ya no, pues deben adaptarse a la realidad tecnológica y nuevas formas de pensamiento?
Gracias al autor por artículos como este que abren un debate constructivo.
Saludos
Sr. Ramírez,
No estoy de acuerdo, apuntes alternativos siempre ha habido antes de la red “patata brava”, existían los amigos, compañeros… y sino había relación se hacía en el mismo bar de la facultad para conseguir los apuntes, quién así lo quería claro está. También es cierto que con patatabrava el acceso es más fácil y rápido.
Actualmente soy estudiante de Derecho y sí, puede que algunos esa misma tarde de la primera clase lo primero que hagamos sea mirar los apuntes de patatabrava pero, pasadas unas semanas cuando se han comenzado a entregar prácticas y a mediados de fechas de examen el uso de manuales se vuelve imprescindible encabezando a otros materiales (haya patata o no haya patata). El “Sistema de Derecho Civil” del Sr. Díez-Picazo como otros tantos se sigue agotando en la librerías y desaparece en las bibliotecas.
Quién se limita al uso de la “patata” no creo corra la misma suerte en todos los exámenes. Y quién les ha hechado un ojo de vez en cuando puede servirle de punto de guía para la asignatura, ahora bien que si quiere tener buena nota no será suficiente.