20.11.09 Sebastián Moralo
Educación legal, Profesiones jurídicas
                                           
Ser juez

¿Una profesión jurídica en la que puedes aportar tu granito de arena para mejorar la sociedad? ¿Una profesión jurídica en la que no tienes jefes ni clientes, en la que tan sólo estás sometido a la ley y a tu propia conciencia? ¿Eso existe? Sólo hay una: ser juez.

Soy un enamorado de mi profesión, un juez vocacional, como lo somos la mayoría, por lo que tengo que empezar reconociendo que no soy imparcial a la hora de hablar de este oficio. Pero, sinceramente, no creo que haya otro igual en el mundillo jurídico, que te permita volver cada día a casa honradamente satisfecho contigo mismo y sin haber tenido que bregar con clientes, jefes o ambos a la vez.

El problema es llegar a conseguirlo. El camino es duro, porque el sistema actual obliga a superar unas oposiciones difíciles, muy difíciles, no tanto por su contenido, sino por el decimonónico formato con el que se desarrollan. Consisten en superar un examen tipo test de cien preguntas y dos exámenes orales de setenta y cinco minutos de duración cada uno. En el primero se exponen cinco temas de derecho constitucional, civil y penal; en el segundo cinco temas de derecho procesal civil y penal, uno de mercantil y otro de administrativo o laboral.

Pasado ese trance, dos años de prácticas, tuteladas y retribuidas -¡por fin!-, en la Escuela Judicial de Barcelona, y uno ya es juez. La oposición es conjunta para jueces y fiscales; las mejores notas eligen ser juez. Se viene empleando de media cinco años y pico para aprobar, lo que significa que bastantes aprueban en algo más de tres años, pero otros tardan hasta seis y siete.

Lo bueno, que la oposición se convoca anualmente, del orden de 350/400 plazas, que son muchas, hasta el punto que suelen quedar 25/30 sin cubrir cada año. En esta oposición no se lucha contra los demás, se lucha contra uno mismo. Tu plaza te está esperando y nadie te la va a quitar -sobran cada año las que no se cubren-, pero tienes que poder llegar hasta ella.

Y no se trata de tener una especial memoria, lo que sin duda ayuda, sino de tener una especial capacidad de esfuerzo, disciplina y sacrificio. Hay que afrontarlo como un trabajo, con una jornada laboral muy larga, eso sí. Un estudiante de derecho de nivel medio, que se aplique disciplinadamente, puede perfectamente aprobar la oposición, no es necesario estar entre los mejores de la carrera. El último de cada promoción de jueces es siempre el primero de la siguiente.

Pero el esfuerzo merece sin duda la pena. Una vez superadas las oposiciones, ya has ingresado en la carrera judicial -o en la carrera fiscal, en su caso-. La andadura comienza en un juzgado de primera instancia e instrucción de pueblo, en una experiencia única del despertar a la vida profesional y a la responsabilidad. Asuntos civiles y penales de toda índole.

Unos años más tarde se asciende a la categoría de Magistrado, y uno ya puede solicitar destino en órganos judiciales de cualquier naturaleza y dedicarse a la rama jurídica que más interese. Algo que no es inamovible y que puede ir variando a lo largo de la carrera. La jubilación es a los setenta años, lo que te permite pasar por distintos órdenes jurisdiccionales y diferentes tipos de órganos judiciales, unipersonales o colegiados. Paralelamente, se puede compatibilizar el ejercicio de la profesión con la docencia universitaria y el trabajo científico.

La consecución de casi todos los destinos depende únicamente del puesto que se ocupa en el escalafón de la carrera judicial en función de la antigüedad, pero otros cargos son de designación discrecional por el Consejo General del Poder Judicial, significadamente, Presidencias de Audiencias provinciales, de Tribunales Superiores de Justicia y todos los puestos de Magistrado del Tribunal Supremo. Pero se puede desarrollar una magnífica carrera profesional sin aspirar a ese tipo de cargos de designación discrecional. La mayoría así lo hacemos.

Lo más bonito, y a la vez lo más duro de la profesión, es la alta responsabilidad que nos corresponde ejercer sobre la vida y hacienda de nuestros conciudadanos. Al principio abruma, luego pesa y al final acabas asumiéndola. Se trata de estudiar cada asunto, de analizar cada cuestión y de resolver en conciencia. No es fácil, pero nadie ha dicho que lo fuese. Hay otros operadores jurídicos que intervienen en los procesos, pero la decisión definitiva la toma el juez en su soledad. Los demás opinan, informan, argumentan y defienden razonadamente sus criterios e intereses, pero es al juez a quien corresponde esa última palabra. Siempre quedan los recursos ante instancias superiores, para tranquilidad de nuestras conciencias.

No todo es bueno. Lo peor, la enorme carga de trabajo y la ausencia de los necesarios medios humanos y materiales, el secular abandono en el que viven inmersos los órganos judiciales, que nos impide en muchas ocasiones dar una respuesta eficaz en tiempo y forma a las demandas de los ciudadanos. Es verdad que estas carencias están en vías de solución, pero no va a estar la cosa resuelta a corto o medio plazo.

Pero el balance final es rotundo: no me desagradaría lo más mínimo que mis dos hijos siguieran mi camino.


8 comentarios



  1. 15.12.09 a las 6:11 pm – Kas
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    “¿Una profesión jurídica en la que no tienes jefes ni clientes, en la que tan sólo estás sometido a la ley y a tu propia conciencia?”

    Ja Ja Ja…creo que no habla de España, porque aquí los jueces de las más altas instancias son unos vendidos, inútiles y enchufados. Ejemplos: Bacigalupo, nombrado catedrático de Almeria durante 5 horas, para poder acceder al Tribunal Supremo; Emilia Casas, presidenta del Tribunal Constitucional, condenada por inadmitir un recurso sin ni siquiera leerlo y sospechosa de haber llevado a cabo negociaciones prohibidas a su cargo, abroncada por Fernández de la Vega (Vicepresidenta del Gobierno) por haber “permitido” recusar a varios magistrados del TC de la cuerda socialista; Garzón, el juez-estrella que cada asunto que toca lo enfanga, famoso por sus múltiples prevaricaciones (todas ellas impunes), sus mentiras al CGPJ y sus excedencias para escribir libros y hacer propaganda socialista.

    Y si hablamos de los fiscales, apaga y vámonos. Son los seres más rastreros e hijoputescos que existen en España. Titeres a las órdenes del Gobierno.



  2. 23.11.09 a las 3:51 am – Jorge Marioo Gallego Cadavid
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    Excelente el artículo. En Colombia, mi país la cosa es un poco más difícil. Apenas intento salir del trance de la Escuela Judicial. Un examen con algo más de 600 preguntas de todas las áreas del Derecho, sin destingo de la especialidad a la cual se concurse. Luego, superada la evaluación, un año de especialización, eso si, costeada por el Estado de algo más de 24 módulos, esto es, 12 de parte general (Argumentación,Teoría constitucional, derechos humanos, teoría de la prueba, teoría del proceso, etc. ) más otros 12 módulos del área específica. Las evaluaciones de cada uno de ellos, orales, con esquema argumentativo. En fin.

    Me resta recomendarles, un elógio escrito por un juez colombiano al ejercicio de la judicatura, denominado “Los Jueces de Mármol”, del Dr. Andrés Nanclares.



  3. 20.11.09 a las 6:47 pm – Dr. Justice
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    El ser humano es un ser político por naturaleza; vive en sociedad. Los jueces también están sometidos a las presiones políticas, de los amigos, de determinados grupos de presión, etc. Hay jueces que tienen clientes…



  4. 20.11.09 a las 6:20 pm – Alejandro Ruíz García
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    Coincido con el Juez Moralo en que ser juez implica una independencia absoluta en el efercicio de la judicatura y que es un cargo de conciencia. Desafortunadamente en México las cosas son diferentes, particularmente en el Estado de Chiapas, tuve la oportunidad de haber sido nombrado Juez y haber ejercido con plena conciencia el cargo, sin embargo el mantener la independencia de la investidura dió como fruto el ser presinado, atacado y solicitar mi renuncia por no prestarme a intereses de funcionarios vanales. Esto se debe a que desafortunadamente los Gobernadores de los Estados en México todavía son una especie de virreyes, que manejan a su antojo los destinos de su territorio, nombran al Presidente del Tribunal y Magistrados, al igual que al Procurador de Justicia y cuando hay interese políticos o personales, utilizan estas Instituciones para su beneficio, los jueces de consigna son una realidad en nuestro Estado, no hay una independecia del Poder Judicial, se dice que la hay en el papel, pero en la realidad no es así, ojalá y algún día podamos expresar en nuestro país que los jueces son independientes en verdad, mientras tanto seguiremos confrontando los excesos de un poder ejecutivo omnímodo que se jerce bajo el vaivén de los caprichos de nuestros gobernantes.



  5. 20.11.09 a las 4:46 pm – Gilberto Ramirez
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    Me encuentro desempeñando una judicatura desde hace 13 años, ademas de ejercer la docencia universitaria en mi país El Salvador, sin embargo una de mis grandes preocupaciones, ha sido la del ingreso a la carrera judicial, pues desde un tiempo aca lastimosamente ha pesado mucho el compadrazgo y el amiguismo, asi como las cuotas de poder político para ingresar a la carrera judicial.
    Como podemos apreciar, dista mucho la riqueza del articulo sobre la realidad salvadoreña, por lo que felicito al que escribió las profundas ideas sobre la judicatura, un ideal que en mi realidad no deja de ser utópico
    Hasta pronto



  6. 20.11.09 a las 1:57 pm – Guillermo
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    Me ha gustado el texto, pero últimamente me enfrento a una práctica forense que me supone el contacto casi diario con los Juzgados y sus funcionarios. Lo peor de todo, y sobre ello le pediría unas líneas, son “los sustitutos”. ¡Tremendo! Partidos judiciales sin un solo titular, con las plazas cubiertas por personas que tan sólo han acreditado un título universitario que, en la mayoría de los casos, no supera un mísero 6 de nota. ¿Alguna solución?



  7. 20.11.09 a las 1:38 pm – David Gutierrez
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    Soy un estudiante de Derecho y me siento en la obligación de darle las gracias por la fuerza que transmite el texto. He de decir que, de nuevo, lo volvio a conseguir Sr. Moralo. Primero con su artículo en la monografia “Politica de selección de jueces”, y ahora con esta exposición desde la experiencia, y narrada con total austeridad, ha conseguido que cada dia que pasa me plantee una y otra vez la posibilidad del acceso a tal profesión jurídica. Lo que mas me gusto es la descripción del camino a seguir, y la exposición de los pros y contras que supone la elección.

    Espero volver a leerle pronto
    Gracias de nuevo
    David



  8. 20.11.09 a las 1:32 pm Pablo Luis Núñez Lozano
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    “¿Una profesión jurídica en la que no tienes jefes ni clientes, en la que tan sólo estás sometido a la ley y a tu propia conciencia? ¿Eso existe? Sólo hay una: ser juez.”

    Había otra (bien entendido lo de no sometimiento a jefe): la de profesor universitario. Pero ya no es así: sigue sin haber, bien entendido esto, sometimiento a jefe; pero, en sucesivas oleadas de necedad, han ido convirtiendo a los alumnos, de suyo usuarios de un servicio público, en clientes. Y ya se sabe: el cliente siempre tiene razón…



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